Buenas Prácticas de proyectos de viviendas sociales.

Una herramienta para la elaboración de programas con iniciativas sostenibles en el ámbito cultural, económico y social determinan las buenas prácticas de proyectos de viviendas sociales. Con un impacto positivo en la calidad del medio ambiente, basadas en la asociación de personas y entidades a favor del desarrollo urbano y regional, favorecen el desarrollo de la calidad de vida en las ciudades y por consiguiente la de sus residentes. A través del conocimiento de las experiencias de otros, se convierten en una técnica para mejorar la concepción de proyectos con la participación ciudadana y su implementación en la sociedad.
Por todo ello, han sido catalogadas por las Naciones Unidas y la comunidad internacional como iniciativas exitosas que tienen un impacto tangible en el hábitat social de las personas.
Realizar un estudio de las demandas de familias con déficit habitacional ha logrado alcanzar resultados satisfactorios y avances en el sector de la construcción. Sin embargo los logros obtenidos son apenas los inicios en comparación con la gran necesidad que existe.
El problema de la vivienda a nivel intencional no es un fenómeno reciente por eso se hace necesario la implementación de buenas prácticas, mediante por ejemplo, el rescate del patrimonio histórico con la implicación ciudadana al proceso, lo que hace que se sienta identificado con el mismo y este fluya de una manera más fácil,. Dentro de buenas prácticas hay que toma en cuenta el crecimiento y evolución de las ciudades, el uso inadecuado de los inmuebles y la falta de mantenimiento del fondo habitacional y las malas condiciones del hábitat, logrando un mejoramiento de la infraestructura de la ciudades y las viviendas en sí.
Para el buen desarrollo de proyectos de viviendas sociales es necesario viabilizar la creación de mecanismos financieros y jurídicos que posibiliten a los residentes interesados en los procesos sufragar los gastos de reparación o mantenimiento constructivo, así como la adquisición de los materiales, siempre con la supervisión técnica de las entidades involucradas en el proceso inversionista.
Es necesario además, lograr una mayor comunicación entre todos los implicados en los proyectos de buenas prácticas basadas en el conocimiento de los recursos disponibles para enfrentar cada proyecto y definir su alcance desde las primeras etapas, evitando así insatisfacciones de todas las partes involucradas.

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